Discurso del acto cultural del dos de enero

5 Ene

Bienvenidos amigos y amigas,

Nos hemos reunido aquí para celebrar un acto diferente para un recuerdo permanente. Y subrayo esto, un acto diferente para un recuerdo permanente. Sería muy fácil si ahora yo me pusiera a insultar a los musulmanes, si las pancartas fueran islamófobas o si nos pusiéramos todos a gritar lemas contra el Islam. Sería lo más sencillo, y lo que el Pensamiento Único de lo políticamente correcto quiere que nosotros hagamos, para demonizarnos como siempre a los inconformistas.

El problema es que no será así, como vuelvo a repetir, es un acto diferente. Una conmemoración donde sí, claro, recordamos esos 700 años de Reconquista, ese final del dominio musulmán en la Península Ibérica y la conquista de Granada. Pero ¿ya está? No, hay mucho más. Este dos de enero simboliza la unión del estado peninsular español, la formación del estado moderno, el inicio de un Imperio, de unas conquistas, de una nueva era. Es el inicio de España como estado y como potencia mundial aunque ya durante tiempo lo fuera en espíritu.

El 2 de enero de 1492 se selló en Granada por parte de los Reyes Católicos el final de una etapa de guerras heroicas, de grandes batallas, de epopeyas dignas de los caballeros castellanos y europeos -que nadie lo olvide- que con su determinación, coraje, valor y arrojo fueron capaces de terminar la Reconquista que siglos antes habían empezado muchos de nuestros antepasados. No se trataba de una simple guerra por religión o entre pueblos como otros han querido ver, era la fundación de un nuevo estado, de la nueva España, lejos de acritudes o deformaciones que hoy intentan inculcarnos.

Aquellos reyes que fueron capaces de perdonar al vencido, de dar gloria de sus hechos ante la historia, así regalararon un nuevo reino al rey destronado que se asentó en nuestras Alpujarras, fueron impulsores del descubrimiento de América, aunaron voluntades y esfuerzos para que sus reinos fueran al unísono voz y fuerza contra el invasor.

Aquella reconquista que ellos terminaron les hizo entrar en la historia, en la leyenda viva del pueblo llano. Aquellos Reyes Católicos son hoy la fuerza legítima de nuestra razón de ser, son la base y el orgullo de nuestro pueblo, pese a quien pese.

Hoy siglos después, los jóvenes que nos reunimos bajo la figura de la Reina Isabel La Católica, en este monumento que tiene significación especial para todos, proclamamos nuestra lealtad a todo lo que ellos representaron, y que tan cercanos quedan porque así lo dispusieron al ser enterrados en esta ciudad.
Con la gallardía que ellos mantuvieron a lo largo de sus vidas, aquellos que hoy recelan de su legado no pueden considerarse dignos herederos de un pasado que cimienta nuestro futuro, de un pueblo que lo ha sido todo y que todo lo ha perdido. Aquellos que hoy representan el poder, hacen un discurso fácil, casi de opereta, tremolan banderas que no mueve el viento, discursos que nadie oye, dirigen palabras que nadie entiende, ellos que se han convertido en pancartas de lo más bajo, sólo aspiran a tener un hueco en un diario local mañana por la mañana.

Nuestras enseñas llevadas a lomos de sus cabalgaduras, nuestras banderas hendidas al viento, nuestros muertos, su sangre, su valor y su coraje son testimonio fiel del camino que siguieron para fundar nuestra patria, un camino que muchos genios han seguido después y que jalonan nuestra historia. Paginas semi ocultas en los libros de historia que deforman los hechos y esconden la verdad, nombres grabados en oro en nuestros corazones que resuenan en nuestras mentes: Don Pelayo, El Cid, Agustina de Aragón y un largo etcétera de españoles que lo dieron todo a cambio de nada, que dieron sus vidas por regalarnos la nuestra.
Los Reyes Católicos en su lucha contra el invasor mostraron a un pueblo orgulloso de su valentía, de su caballerosidad, de gestas épicas en tiempos obscuros, mostraron la verdad de sus gestos y acciones, al amparo de los tercios que formaban su ejército, personajes de la talla de el Gran Capitán, que llevaron la unidad a esta tierra.

Nuestro imperio, extendido a lo largo del reinado de Carlos I, fue cimentado en la unión que estos Reyes Católicos hicieron de España, de sus tierras, de sus valores, y dieron el primer paso para que esos tercios recorrieran el mundo hasta los extremos más lejanos, dando para nuestra patria el eterno valor moral de haber sido la primera potencia mundial durante siglos.

Hoy, en esta hora de parálisis cerebral, de supuesta democracia donde los valores mundanos como el dinero o el placer priman sobre los eternos valores que nuestros padres nos enseñaron, y a ellos nuestros abuelos, en esta hora y en este día, miramos de nuevo a la figura altiva y majestuosa de la reina Isabel en el momento que ante Cristóbal Colón se abre el nuevo mundo para España y por ende para Europa entera.

No podía ser de otra forma que hoy, un grupo de personas queramos rendir un verdadero y emotivo homenaje a lo que ellos representaron, a lo que muchos después consagraron también su vida, en pos de la unidad de la patria y de la lucha eterna contra los enemigos de esa idea.

El sistema del Pensamiento Único y lo Políticamente Correcto utiliza las armas a su alcance para maniatarnos, para hundir hasta nuestro aliento en un día tan frío como el de hoy, pero pese a todo aquí estamos. Oprimidos, amenazados, boicoteados, aquí seguimos. Nuestra lucha tiene parangón en su lucha, en los años difíciles que precedieron a la victoria, son ejemplo vivo de que la unión nos dará la fuerza y que la constancia diaria tiene siempre su recompensa.

A la historia le corresponde decir siempre la última palabra, pero no cabe duda de que esa historia se personifica en estos Reyes que fueron capaces de aunar voluntades, de levantarse tras la caída y de dar ejemplo de perseverancia y tesón ante las dificultades. Para nosotros, aquellos que recogimos su testigo y su semblanza acompaña nuestro quehacer político, es un honor y un orgullo estar hoy aquí. Vosotros tenéis en vuestras manos el futuro, ellos tuvieron el honor de darnos su pasado. El presente lo estamos escribiendo hoy.

Y nosotros, 500 años después, hijos de aquellos caballeros, de aquellos campesinos que dejaron sus tierras, herederos de aquellos cruzados, sacerdotes, herreros y futuros conquistadores, nosotros hijos de esta tierra, 500 años después, seguimos en pie, seguimos en la brecha y seguimos defendiendo, hoy como ayer, los frutos de esta tierra hispana y la patria EUROPEA!

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Una respuesta to “Discurso del acto cultural del dos de enero”

  1. graciela yasmin 20 agosto 2010 a 3:29 am #

    me sirvio mucho gracias

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